"Aunque lo intente no se me olvida
que sigo siendo la misma loca,
Y a fin de cuentas no soy distinta
a aquella idiota, que te quería
que todavía espera verte sonreir
que todavía espera verse junto a tí"
Es inútil que intente comentar algo al respecto,
ya nadie va a entender de que se trata esto.
Ya nadie comprende de lo que estoy hablando
ya todos declaran delirio en mis palabras
el que siga insistiendo, sin tener nada
Ya no voy a intentar explicarlo
ya no voy a pedir consejos al respecto...
ninguno de ellos quita lo que siento
Nada tengo, y lo tengo todo
la memoria fastidia los recuerdos,
cuando intentas recordar en verdad como fué
y aún peor es intentar despeyejar aquellos hechos
que no son nada, que son pocos, que apenas existieron
pero es que no puedo, no puedo romperlos
no puedo borrarlos, y no puedo decir que no son nada...
Como me decían cuando volvi...
"Avanti Morocha, no llueve tanto, hasta los más mancos la siguen remando..."
sábado, 27 de marzo de 2010
jueves, 18 de marzo de 2010
Todo había sido un sueño muy real y muy profundo...
Como Camarón de Estopa
Superior a mí
es la fuerza que me lleva en el pulso que mantengo
con la oscuridad que tiñen de oscuro tus ojos negros.
Y qué me cuentas del tiempo que pasa en su pestañeo
y que me trae por esta calle de amargura y de lamento.
Que yo sé que la sonrisa que se dibuja en mi cara
tiene que ver con la brisa que abanica tu mirada.
Tan despacio y tan deprisa, tan normal y tan extraña.
Yo me parto la camisa como Camarón.
Tú me rompes las entrañas, me trepas como una araña.
Bebes del sudor que empaña el cristal de mi habitación
y después por la mañana despierto y no tengo alas.
Llevo diez horas durmiendo y mi almohada está empapada.
Todo había sido un sueño muy real y muy profundo.
Tus ojos no tienen dueño porque no son de este mundo.
Que no te quiero mirar.
Pero es que cierro los ojos y hasta te veo por dentro.
Te veo en un lado y en otro, en cada foto, en cada espejo
y en las paredes del metro y en los ojos de la gente,
hasta en la sopa más caliente. Loco yo me estoy volviendo.
Y a veces te espero en el bar de la esquina
con la mirada fija en tu portería.
Y a veces me como de un "bocao" el mundo.
Y a veces te siento y a veces te tumbo.
A veces te leo un beso en los labios
y como yo no me atrevo me corto y me abro.

Que yo sé que la sonrisa que se dibuja en mi cara
tiene que ver con la brisa que abanica tu mirada.
Un poco del flamenco de mi alma, que dice con la misma nostalgia lo que siente el corazón, con la raiz del arma mia.
Vuelve la nostalgia, vuelve el ardor, vuelven los sueños reales y profundos, vuelvo a querer y con los ojos cerrados te veo.
Vuelve el amor tremendo que te saca hasta las ganas de dormir un segundo. Vuelvo a ver hacia atrás, buscandote donde no estas...
Vuelvo a crear para sacar el peso de esta mochila que todavia no se descarga..
Vuelvo a arder, vuelvo a quemar, vuelvo a bailar flamenco.
...tiene que ver con la brisa que abanica tu mirada.
Superior a mí
es la fuerza que me lleva en el pulso que mantengo
con la oscuridad que tiñen de oscuro tus ojos negros.
Y qué me cuentas del tiempo que pasa en su pestañeo
y que me trae por esta calle de amargura y de lamento.
Que yo sé que la sonrisa que se dibuja en mi cara
tiene que ver con la brisa que abanica tu mirada.
Tan despacio y tan deprisa, tan normal y tan extraña.
Yo me parto la camisa como Camarón.
Tú me rompes las entrañas, me trepas como una araña.
Bebes del sudor que empaña el cristal de mi habitación
y después por la mañana despierto y no tengo alas.
Llevo diez horas durmiendo y mi almohada está empapada.
Todo había sido un sueño muy real y muy profundo.
Tus ojos no tienen dueño porque no son de este mundo.
Que no te quiero mirar.
Pero es que cierro los ojos y hasta te veo por dentro.
Te veo en un lado y en otro, en cada foto, en cada espejo
y en las paredes del metro y en los ojos de la gente,
hasta en la sopa más caliente. Loco yo me estoy volviendo.
Y a veces te espero en el bar de la esquina
con la mirada fija en tu portería.
Y a veces me como de un "bocao" el mundo.
Y a veces te siento y a veces te tumbo.
A veces te leo un beso en los labios
y como yo no me atrevo me corto y me abro.

Que yo sé que la sonrisa que se dibuja en mi cara
tiene que ver con la brisa que abanica tu mirada.
Un poco del flamenco de mi alma, que dice con la misma nostalgia lo que siente el corazón, con la raiz del arma mia.
Vuelve la nostalgia, vuelve el ardor, vuelven los sueños reales y profundos, vuelvo a querer y con los ojos cerrados te veo.
Vuelve el amor tremendo que te saca hasta las ganas de dormir un segundo. Vuelvo a ver hacia atrás, buscandote donde no estas...
Vuelvo a crear para sacar el peso de esta mochila que todavia no se descarga..
Vuelvo a arder, vuelvo a quemar, vuelvo a bailar flamenco.
...tiene que ver con la brisa que abanica tu mirada.
sábado, 13 de marzo de 2010
Shanshito o... mi alimentador de imaginación
Por tu culpa, cuando todavia no tenia ni uso de razón, ¿Alguna vez lo tuve? Miraba Star Wars. Y eso que fue la primera peli que papá llevo al cine a ver a mamá (eso si, puro tiro y lio y mamá pensaba que era una romantica, y por siempre la odio).
Por tu culpa tengo un huequito en la cabeza, no es totalmente redonda!, por tu culpa nunca me voy a poder pelar!, ya que en una de tus piruetas me diste vuelta y me diste la cabeza contra el cemento con solo tres años.
Por vos soy una FREAKIIII.
Por vos escucho la musica que escucho, me lavaste la cabeza con u2, cindy lauper, tina turner, Leon Gieco. Y me han dicho "vos sos una chica de tu edad, pero de los 80! te equibocaste de década!".
Por vos, sé los unicos dos o tres pasos de salsa que conozco.
Por tu culpa me metí en la Asociacion Tolkien Argentina!!!, Porque me obligaste a ir a acompañarte a ver El Señor de los Anillos, sino te ofendias como la vez que no te acompañe a ver Star Wars Episodio 1, y no me hablaste durante una semana.
Porque me compraste los primeros libros.
Por tu culpa, por llevarme a ver eso ahora ligué un millón de amigos, y de los mejores.
Por tu culpa elegí la carrera de cine porque me alimentaste con un montón de esas pelis que antes vos no habias visto, y me hiciste flashear un montón de cosas, y alimentaste mi imaginacion... y me fui para arte.
Porque nos batíamos a duelo todos los domignos con el nuevo diario Clarin, enrroyándolo y dándonos como si fueran espadas.
Porque me dejabas tocar todos los botones de tu compu y de peque sabia más que cualquier otra.
Porque me llevas como 17 años, nací con demora, pero siempre actuaste como si tuvieramos la misma edad. Y tal vez por eso con el tiempo me hice grandes amigos, mucho mas grandes que yo.
Porque me sacabas el control remoto.
Porque peleando, y tal vez sin querer queriendo, es por tu culpa que tengo muchas cosas que hoy tengo, más allá de tu habitacion! (cuak), sos en parte el causante de esta gran imaginacion que tengo, que me manda a buscar qué hacer en la vida.
Porque sos el más organizado, el que me da libros para arrancar una empresa, y tus microemprendimientos son de hidromiel, tartitas y cosas ricas, pero ya vendrá una gran Peluqueria para Marina!.
Porque te buscaste una mujer que lleva mi segundo nombre, y tiene una hija que se llama igual que yo, y tiene el mismo carácter que yo, o peor!. jaja
Porque es facil pelearte , porque sé una canción que te hace aflojar..."Shanshito con cola..."
Porque sos mi shanshito! mi hermanito!!!
Porque te quiero mucho, y por tantas cosas mas que hiciste que me hacen como soy.
Por tu culpa soy como soy!
GRACIAS!!!!!!
lunes, 8 de marzo de 2010
Frío
Frío, hace frío, eso hace. No queda mas que envolverse entre las sabanas... y notar que vacía esta una cama, que nunca tuvo a alguien más que a mi. Frío, hace frío, eso hace. No queda más que cerrar los ojos, y pensar que las cosas pueden ser de otra manera. Y en otros universos lejanos, la cama no esta tan vacía, pero en este universo tocaron las sabanas frías.
Frío, hace frío, eso hace. No prendan la calefacción, ni me vengan con cosas que no son, no intenten hacerme creer que aquí hace calor. Prefiero morir de frío, que en una falsa ilusión.
Frío, hace frío, eso hace.
domingo, 7 de marzo de 2010
Cien años de compañía, Historia de una ida.
Historia de la familia. Versión extendida de la obra presentada al concurso de inmigrantes. Falta contar más cosas, nombres y más información, pero denme tiempo, es un siglo de historia, con suerte y dedicación para el centenario acabe de contar lo que sucedió… hasta ahora. Espero no ofender a nadie contando tanta historia, pero para mi es necesario recordar, consideren que tanto lo bueno como lo malo no se pierda, que todo continúe vivo, risas y llantos, lecciones y cosas aprendidas de nuestros antepasados, para que sean ejemplo en el futuro, más alla de quienes aún no pisan este mundo y estan por llegar. Nosotros también haremos historia, que ellos sigan vivos, que nosotros vivamos... que la vida, no es bella... ES HERMOSA!!!
Esta historia se puede contar de diferentes modos, con fechas y nombres claves, como un simple registro, o de la manera en que la contaré a continuación. Los almanaques marcaban el año 1916, y José Madroñal con 18 años se estaba embarcando con una maleta de pocos kilos, y sin más, hasta Argentina. Todo tiene su porqué, y el porqué era salvar su vida, debía irse más rápido que el poder de aquellos que le darían muerte a cientos de inocentes.
Eran los años en que Franco, y tantos más, en España se dedicaba a dar muerte a los que anhelaban libertad. Era el tiempo de sacar de la tierra las raíces, y plantarse en otro territorio, con paz, donde se pudiera al menos, vivir. La guerra estaba donde miraran, tal vez hasta sus propios vecinos con los que había crecido serian capaz de delatarlo, pues era un hombre poco común.
Anarquista y artista, no se dejaba doblegar, tal vez cortarían su cuello, pero ese no seria su destino, en esa maleta de poco peso, con su sangre escribiría una historia, la mejor de todas, que aún sigue viviendo, y no se termina.
Él, y su familia vivían en Algodonales, Andalucía, aquella tierra donde nacen los cantores, los bailadores, los actores, los dibujantes, donde afloran todas las artes. Trabajaban en un parador, con hospedaje, establos y servicios para los viajantes. Cada miembro los atendía, sus padres, tíos y hermanos, cada uno tenia un oficio. Andrés era herrero (llego a tener un alto rango en la escuela Industrial de la Plata), Juan era zapatero, otro cortaba el pelo, Rosario hacia comidas para cientos de viajantes (escribió libros de recetas donde dice “preparación para 150 personas, coloque 200kilos de harina y 300 huevos”) y otros atendían la hostería. José se fue para poder ahorrar dinero para traerlos a todos, los hombres partieron primero, pues eran más propensos a ser capturados. Imagínense un segundo aquellas tierras, debió de ser tan difícil abandonarlas que por generaciones aún se tiene el anhelo de al menos visitarlas, colinas verdes y las paredes de las casas de toda la ciudad pintadas de blanco. Tal vez relucían al atardecer con el reflejo, de tonos rosas y al caer la noche la luna le daría un brillo inusual, un blanco esmeralda y a la nueva salida del sol brillarían resplandecientes. Tenían su casa, tenían historia, tenían amigos, tenían un establo, salían a andar en caballo y tal vez miles de aventuras por aquellas tierras, tenían trabajo, pero todo eso se acabaría con el dejo del último suspiro…pues también tenían de enemigos aquellos dictadores,… pero lo más importante para ellos era que tenían familia. Había que partir.
Al llegar aquí trabajo en una fábrica, donde conoció a un gran amigo, con quien compartía habitación. Un día, este le pide que le acompañe a ir a buscar a su hermana al puerto.
Así fue como le acompaño y vio a aquella morocha, de ojos negros, tal vez ni siquiera había bajado del barco cuando José se enamoró… de la hermana de su amigo.
Mora, venia desde Granada a vivir, tenía unos 15 años. Titína le decían, Agustina era su nombre. José logró conquistarla, y se casaron al tiempo. Recuerdan su abundante pelo, el cual ataba siempre, pues solo era para desatarlo frente a José, y que él solo apreciara su belleza. Ambos formaron una familia con cinco hijas mujeres, Eva, Azucena, Crisálida, x, x. Todos juntos convivieron largos años con sus esposos e hijos, la casa parecía un conventillo con tanta gente. Los niños, hermanos y primos crecieron juntos en su primera infancia.
José ayudaba a cada cual que venia de España, sin un destino, él se encargaba de buscarle trabajo y un terreno, una casa donde construir su vida. Hoy muchos lo recuerdan, y es raro recibir un abrazo de un anciano, solo porque sea mi bisabuelo.
Fundó el Circulo cultural Andaluz, y tenía un bar donde iban los gauchos y atendían sus hijas, pero allí se encontraba la más bella de las mujeres, a quien los gauchos dedicaron
cientos de poemas y miradas pues su belleza era tanto externa como interna, “Tiíta Rosario” la llamábamos, era rubia, de ojos azules, con labios carnosos y rojos como las rosas. Había llegado al país, tiempo después que su hermano José, con su madre ciega. Se dice que se había enamorado de un marinero, que le propuso matrimonio y recorrer los siete mares a su lado, pero ella desistió de su proposición pues quiso quedarse cuidando a su madre y no separarse de la familia. A pesar del tiempo, no entregó su corazón a otro hombre. Años mas tarde, cuando ya era anciana tuvo que ir a una revisión médica pues su salud iba deteriorándose, uno de los médicos llamo a su hermano José, sorprendido, y le confesó “esta mujer, tiene más de 80 años y es virgen”. Y más aún que eso, para Corina, su sobria biznieta, es una santa, pues ella la adora a pesar de que partió cuando tenia pocos años de vida, la ama con todo su corazón, recordando lo bella y buena persona y de tan puro corazón que era.
Así es como pasaban los días, José ayudaba a mucha gente, y con un trabajo, para hacer tamañas cosas y mantener a la familia, no es suficiente. Se rumorea que contrabandeaban tijeras de acero de Toledo y azafrán, los viejos peluqueros han de tener una, y lo recuerdan
aún cuando su nieto se sienta a cortar su larga barba en la peluquería del barrio. Ese negocio del contrabando lo mantenía con un viejo amigo en España, “el Rubio Torpeza”, el cual le escribió una carta de extensión por hojas… contándole como había sido el viaje hasta el correo, para enviarle la carta… allí descubrimos el porqué de su nombre.
A pesar de los problemas que se podía tener con la ley, lo importante es tener amigos, y sí, a José le sobraban.
Cuando él mandaba en la casa, todo marchaba bien, y su prole creció. Tenía frases, tales como “Si tenéis hambre, a bailar! A bailar! Si estáis tristes a bailar! A bailar!!!”, pues no siempre todas eran alegrías, pero siempre se podía bailar.
Por los pasillos cantaba una vieja canción “A tu vera, y siempre a la verita tuya, y siempre a la verita tuya hasta que de amor me muera”, la que años después sonaría en boca de su biznieta que a corta edad empezó a entonarla, para sorpresa de su padre que le preguntó de dónde había sacado esa canción.
Así es como siempre estábamos todos juntos, y el cual era un deseo recurrente en su hija Eva.
Eva a su tiempo también se enamoró, de un muchacho que trabajaba vendiendo diarios y revistas en su puesto. Todos los días ella se pasaba delante, bien arreglada… hasta que le robó su mirada. Tal vez aquí es cuando se empieza a empañar la historia, pues el amor no siempre es bueno. Oscar Fasio, lucia siempre un bigote y su boina era característica, mayor de nueve hermanos, se casaron y de su unión nació Oscar Raúl, a quien llamaron Chiche y Susana, años más tarde cuando estos ya eran adolescentes nació su tercer hijo Pepe.
La familia de Oscar se daba seguido a la bebida y a los vicios, a diario se emborrachaban, a pesar de ser muy trabajadores, siempre iban a los bares. Aún así, cuando jóvenes trabajaba en el cabaret Rossi, de la familia, el dueño era el tío x y se asentaba cerca de la estación, allí les daban habitaciones a las prostitutas para que ejercieran su trabajo. Se sabían todas las trampas de los hombres de la ciudad y eran casi, o aún peor, que una mafia. Recuerdan cuando Oscar se partió todos los dedos de la mano… tras haberle atinado y deformado la cara de otro hombre. Pues, en el cabaret usualmente se daba a la pelea, una de las principales causas era cuando un hombre quería llevarse a una prostituta que trabajara allí. Chiche recuerda una vez que su padre lo metió bajo una mesa, cuando niño, y vio volar los tiros en el salón. Los niños iban a jugar de día sobre un escenario que tenía instrumentos y todo armado para los espectáculos nocturnos, donde al caer la noche no se les permitía entrar.
Pero Chiche, adoraba a su abuelo José, quien partió en su infancia, y marca ese punto
como el término de su niñez. Pues no todo en la vida es color de rosas, y esta historia es aún más grande y conlleva penas y felicidad. José le contaba historias de su vida, de Algodonales,
y hasta dejo testimonio de las cartas de amigos, e historias de teatro y muchos escritos.
Chiche aprecio esos recuerdos dorados y los guardó. Cuando fue mayor el tuvo historias propias y se convirtió en un gran Cuentacuentos como su abuelo. En las historias que contaban de boca en boca, se decía que la familia procedía de la descendencia del “Conde de Luna”, tanto como los chistes verdes, o las anécdotas divertidas. Pero lo más importante que no se debe de olvidar es que todos los Madroñales somos familia.
Pero para continuar las familias, se deben de unir con otras. Los Fasio tuvieron una historia trágica, cuando un día, el menor de los nueve hermanos, “nombrex”, con 18 años no regreso a la casa. Su madre se desesperó, pues temía el peor destino, no lo pudo tolerar, ver transformado a su hijo, tal vez igual que como lo fue su padre, convertido en un alcohólico. Cuando él regreso después de dos días de desaparecer, donde se había dedicado a la bebida, recibió la noticia del suicidio de su madre, quien se prendió fuego viva delante de los ojos de su hermana. Su hijo no lo pudo tolerar, y al cabo de dos días le dio fin a su vida, para reunirse con su madre.
Aquí se habia marcado un antes y un después, se aprendió que el alcohol quita vidas.
Aún asi, los hermanos seguían dándose usualmente a la bebida y se dice que Oscar manejaba mejor su bicicleta ebrio que sobrio. Una vuelta enfermó y debió dejar de tomar por la medicina y se descubrió su adicción. Debían inyectarle alcohol para que no delirara. Al acostarse en la cama soñaba irrealidades y pensaba que el vecino le tiraba agua. Chiche le intentó explicar que era ilógico que su vecino le tirara agua desde arriba de la ventana, y Oscar comprendió su problema y se dejó someter a tratamiento. Por esas épocas su hermano se asusto de aquel hecho. Una madrugada sentado en la plaza Italia vio pasar un tranvía de colores, cada bagón era de un color disitinto y se mandó a internar al instante, adjudicando que ¡veía cosas que no son, un tran via de colores, estoy del tomate!!!. Lo gracioso es que esa misma mañana habían inaugurado realmente aquel tren vía de colores, solo que no lo habían publicitado.
Cada uno tuvo distintas vidas, cada uno hizo lo que quiso con la suya. Un primo rebelde de Chiche “nombrex” quiso dedicar su vida a la música. Era un rebelde, no trabajaba, no estudiaba, no hacia nada más que estar con sus pelos sucios y su guitarrita. Lo querían obligar a estudiar, pero el se negó rotundamente. Salió del país buscando el éxito, se transformo en uno de los primeros DJ, y llego a ser dueño de una gran empresa discográfica en el extranjero. Dinero, éxito, plata, mujeres y fiestas. Ya de grande, una de las crisis económicas mundiales hizo estragos su fortuna y volvió a la Argentina. Entro de viejo a un local de venta de muebles para el hogar “Guansetti”, donde encontró a Corina, hija mayor de su primo, por casualidad. Le confesó que estaba triste, pues había llegado a envejecer sin una buena compañía a su lado. Se arrepintió de no haber buscado a una mujer con quien compartir hasta el último suspiro.
La amistad entre primos es algo usual en esta familia. Oscarcito y * iban al colegio juntos, tal vez tenían diez años. Una anécdota recordada era que él siempre sacaba notas de 10, pero Oscar era de 7. Un día no había estudiado y Chiche le permite copiarse de él en la clase.
Nunca se habia copiado, y lo demostró, los dos exámenes eran completamente iguales. El profesor disgustado, puso la nota buena a él y un cero enorme a Chiche. Lo retó su madre Eva, y la Tía, madre de * estaba orgullosa del 10 de su niño, pero no pudo con el remordimiento y confesó la verdad. Para que! El profesor puso la nota correspondiente a cada uno, y su madre pegó el grito en el cielo, lo castigo terriblemente!
Aún así de jóvenes, todos los primos juntos hacían bromas, hasta cuando iban al campo.
Solían dejar paquetes envueltos con moño sobre la ruta… la gente frenaba su auto, y las cargaba hasta adentro. Al abrirlas se encontraban con sorpresas tales como… murciélagos, basura, o hasta excremento… de uno de ellos.
Al llegar a la adolescencia Chiche tuvo un grupo de amigos bastante bravucones, salían del colegio y uno de ellos se sacaba el guardapolvo, corría con una peluca al viento y gritaba “me violan, me violan”, mientras sus otros 15 compañeros lo perseguían. Procuraban pasar delante de la policía que los comenzaba a correr. Al llegar a la plaza San Martín subían a donde toca la banda, hacían un círculo mientras gritaban, y en ese momento se quitaba la peluca, se ponía el guardapolvo y al apartarlos la Policía… eran todos muchachos. Fácil fue la solución “todos a la comisaría!!!”. De todas formas, salían rápido pues uno de los padres de ellos era el comisario, aunque los ponían a hacer tareas de limpieza y hasta una vez los dejaron una noche a todos allí.
Oscar se enojaba con cada vez que debía retirar de allí a Chiche
A veces dicen que las historias se repiten, quien sabe por qué, pero un día Chiche vio una morena. Estaban en lujan, con un grupo de amigos y allí se le acerco a hablarle.
“La negrita” le decía su padre, Goyo, otro hombre de honra, trabajador y alegre,
mecánico, dueño de una ferretería, y hasta se daba a la construcción, se dice que un día ayudo a Fangio a arreglar su auto y este en forma de agradecimiento le dio una llave. Así crió a sus hijas Estelita, y Capi de la mano de su esposa, María. Ellos venían desde La Pampa, Santa Rosa, donde el verano es muy seco y el sol morena la piel, pero pronto se mudaron a Buenos Aires y vivieron en La Plata antes del nacimiento de su segunda hija.
La relación con su mujer era rara, pues ambos eran de distintos palos y se daban siempre para el debate, si él era Radical, ella Peronista, si el Pepsi, ella Coca… y vamos si le gustaba la Coca cola que participo en varios concursos. Sonaba el teléfono y atendió…
Teléfono - Hola esta es una promoción de Coca Cola, cuando suene nuevamente el teléfono debe responder: “Coca Cola”
María - Goyo! Goyo!, nos llamaron de un concurso! Hay que atender y decir coca cola!
Goyo - Boluda! Deja el teléfono, te están haciendo una joda!
Teléfono - RIIINGG!!! (suena)
María - COCA COLA!!
Teléfono - AGARRAME LA #$$%$”@#$!!!
Su negrita, Estela, la hija mayor de Goyo anhelaba con viajar a África a enseñar a los negritos, pues su vocación fue desde los 15 años impartiendo enseñanza a los niños. Así fue como un día por la mañana leyendo el diario le llama “Mira negrita!, acá dice que unos nativos se comieron a unas monjitas en África, allá es donde querías ir, no ”.
De algún modo, nunca le negó de hacer nada a sus hijas, pero sabía como aconsejarles.
A Chiche le presentaron a Capi, para salir a un baile, y bailo con ella.
Pero a el le gustaba Estela, quien era cortejada por otro joven (que al ser mayor digamos que tuvo un relativo éxito empresarial). Lo apartó y le amenazó, el muchacho le dijo que a el le correspondía estar con Capi, pero Chiche no se doblegó ni desistió. “Yo voy a estar con quien yo quiera!” toreaba, y hasta casi alguna vez se dan a la pelea en medio de un campamento.
Chiche y Estela se hicieron grandes amigos, y un día el le preguntó “¿Podremos ser algo más que amigos?”. De ese “algo más”, nacieron Corina, Adrián y quien les relata.
Pero la relación con su suegra fue difícil, pues a María no le caía bien que saliera con su hija… a lo que un día le pregunto “Otra vez por acá!!!” y Chiche le dijo “Sí!!! Y me la voy a llevar a su hija y me la voy a llevar a vivir lejos y no la va a ver nunca mas!”.
Estela reía al verlos porfiar y en como se hacia el malo, pues no tuvo buenos resultados, tal vez si, pero con un pequeño margen de error, pues María llego a vivir en un departamento a una cuadra de su casa.
Pasaron los años y Chiche entro a la colimba, durante un año debía de estar lejos de todos. Todos los domingos se sentaba a almorzar en la mesa con los Oyola, y el primer domingo que se ausentó se sintió en todos, tanto que Goyo, con la voz superada pregunto “Epa! Que pasa ché que están todos – se quebró su voz y empezó a llorar – tan tristeeees!!!”. Chiche y Goyo se habían hecho buena compañía y Chiche aprendió grandes cosas, especialmente de mecánica de su mano. Años mas tarde, ni sus hijos podían quitarle la obsesión de seguir comprando camionetas viejas, micros, motos, con la intención de arreglarlas y usualmente va a lo del mecánico del barrio, un amigo suyo a pasar las tardes engrasándose las manos y tal vez, comer un asado a escondidas.
Nuevamente, lo importante es tener amigos. Pues en la colimba de algún modo obtuvo las llaves del regimiento, y por las noches se escapaba, tomaba el tren e iba a visitar a Estela, antes de despuntar el alba debía volver, para que no se sospechara nada.
Allí se convirtió en un granadero a caballo y tuvo uno como compañero, nuevamente uno de la familia montando a caballo, se hicieron grandes amigos. Se llamaba /// y era un gran bromista. Chiche debía bañarlo y estar con él asiduamente, al retirarse se lo quiso llevar consigo, comprarlo, pero no se lo permitieron. Aquel caballo era demasiado vivo, hasta se burlaba de los jefes y reía a carcajadas. Un día, formados los granaderos, para hacer una inspección, le quito el gorro del jefe, y se lo tiro, y río mostrando los dientes. El superior se enfado y pataleo tanto que mandó al caballo a ser castigado mandándolo al establo, sin salir, por algún tiempo… pero justo, era el caballo de… FASIO!!!
Cuando ya llegaron a una edad adulta, se unió en matrimonio con Estela y pusieron un negocio de polirrubro, en la esquina de la casa donde viven juntos…
La casa, la sangre y las historias siguen y continúan vivos, pues la muerte es el olvido, y siempre reímos al recordarlos, es la mejor herencia. Todo empezó con un viaje y una maleta.
viernes, 26 de febrero de 2010
sobria ebria
Miles de pelotudeces que pienso en este momento, sin borrachera pero con sueño. Me falta lemoncello de Andy o frutillacello de Campa.
En fin tengo ganas de escribir esta zarta de boludeces.
Pongámosle que de esto ya, yo me entere, pero hay un montón de cosas que no logro entender de la gente que se la da de blabla. Si, estoy bardera es como estar en pedo… seguramente ahora viene el momento en que me pongo sensible y digo toda la puta verdad.
Quisiera que la gente no viera límites, y si algo le gusta, algo… mínimo siguieran a su corazón, no a las putas cosas impuestas por un lado (el dominante) o el otro (los que se creen under y re copados) de la sociedad.
No hagas esto!,
Cásate tene hijos y anda a la oficina todos los días, a las 7 anda al alter houer o condénate a ser un borracho sin sentido en la vida y anda por cuantas mujeres veas, así nunca te rompen el corazón, pero si el orto!, Menos valentía que eso, nunca eh visto.
NO, YO NO quiero nada de esa puta mierda en mi vida!, Yo quiero jugármela!!!, y lo digo quejándome.
Quiero terminar de pintar este cuadro que estoy haciendo, que alguien me cebe unos mates, quiero ser grande en mi profesión, pintar mi mundo. Y que lo vean todos!.
Y quiero salir de esta computadora de mierda donde husmeo como una rata, como una rata inmortal los pequeños destellitos que se ven de la vida de otra persona y quisiera que esa otra persona dijera “si, probemos”, y hacer lo que quiero, quiero probar, más.
Antes de decir que no, deberías probarme. Es mas, sabes que cuando probaste te gusté. Otra vez!
¿Como alguien que sabe que quiere algo, no hace nada por ello? Y me lo pregunto a mi misma también. ¿Prudencia? Me cago en mi prudencia!!!,
A partir de este momento, me CAGOO en esperar sentada todo esto que quiero, me cago en esperar que la gente vuelva, me cago en esperar que me salga una beca para cruzar el charco, lo voy a hacer por mi misma, y agarrensé que se viene una peor que catalina!
Les digo lo que quiero ser, lo voy a ser, voy a ser un Monsstruoo en el arte! Y me van a ver todos, todos en algun momento.
Voy a ir al lugar que se me canta, a construir mi mundo, a querer a la gente que quiero y a estar presente.
Voy a enamorarme cuantas veces me enamore, y a declararme cuantas veces sean.
Voy a besarte cuantas veces pueda, y a guardarte este beso en el bolsillo.
Si querés veni, y sino voy y te lo encajo en tu cara.
Esta bien, sos un asco, pero me encantaba que fueras asi, como sos, hasta tu sudor tiene el gusto que yo quiero. Salado con dulce, mezclemos las cosas parecidas, pero no tanto. Tengo curiosidad por saber el resultado.
Voy o venis?
Decime, sé que me lees, se lo que sentis, me lo confesaste tantas veces…, apurate… que nos hacemos viejos.
Bueno mejor dejo de pensar en vos, y en todo esto,
Y me voy al refugio de mi cama
En fin tengo ganas de escribir esta zarta de boludeces.
Pongámosle que de esto ya, yo me entere, pero hay un montón de cosas que no logro entender de la gente que se la da de blabla. Si, estoy bardera es como estar en pedo… seguramente ahora viene el momento en que me pongo sensible y digo toda la puta verdad.
Quisiera que la gente no viera límites, y si algo le gusta, algo… mínimo siguieran a su corazón, no a las putas cosas impuestas por un lado (el dominante) o el otro (los que se creen under y re copados) de la sociedad.
No hagas esto!,
Cásate tene hijos y anda a la oficina todos los días, a las 7 anda al alter houer o condénate a ser un borracho sin sentido en la vida y anda por cuantas mujeres veas, así nunca te rompen el corazón, pero si el orto!, Menos valentía que eso, nunca eh visto.
NO, YO NO quiero nada de esa puta mierda en mi vida!, Yo quiero jugármela!!!, y lo digo quejándome.
Quiero terminar de pintar este cuadro que estoy haciendo, que alguien me cebe unos mates, quiero ser grande en mi profesión, pintar mi mundo. Y que lo vean todos!.
Y quiero salir de esta computadora de mierda donde husmeo como una rata, como una rata inmortal los pequeños destellitos que se ven de la vida de otra persona y quisiera que esa otra persona dijera “si, probemos”, y hacer lo que quiero, quiero probar, más.
Antes de decir que no, deberías probarme. Es mas, sabes que cuando probaste te gusté. Otra vez!
¿Como alguien que sabe que quiere algo, no hace nada por ello? Y me lo pregunto a mi misma también. ¿Prudencia? Me cago en mi prudencia!!!,
A partir de este momento, me CAGOO en esperar sentada todo esto que quiero, me cago en esperar que la gente vuelva, me cago en esperar que me salga una beca para cruzar el charco, lo voy a hacer por mi misma, y agarrensé que se viene una peor que catalina!
Les digo lo que quiero ser, lo voy a ser, voy a ser un Monsstruoo en el arte! Y me van a ver todos, todos en algun momento.
Voy a ir al lugar que se me canta, a construir mi mundo, a querer a la gente que quiero y a estar presente.
Voy a enamorarme cuantas veces me enamore, y a declararme cuantas veces sean.
Voy a besarte cuantas veces pueda, y a guardarte este beso en el bolsillo.
Si querés veni, y sino voy y te lo encajo en tu cara.
Esta bien, sos un asco, pero me encantaba que fueras asi, como sos, hasta tu sudor tiene el gusto que yo quiero. Salado con dulce, mezclemos las cosas parecidas, pero no tanto. Tengo curiosidad por saber el resultado.
Voy o venis?
Decime, sé que me lees, se lo que sentis, me lo confesaste tantas veces…, apurate… que nos hacemos viejos.
Bueno mejor dejo de pensar en vos, y en todo esto,
Y me voy al refugio de mi cama
¿Sentiste alguna vez, lo que es?
Asficcia, hundimiento, parálisis total.
Sudor, calor, temor, temblor.
Miedo, ansias, inspiracion.
Sal y Dulzura,
certezas, tristezas,
Hambre, impaciencia
Perdición, sensacion.
Calma, alma
Sutilezas, risas frescas.
Sed, y flotar
volar, y nadar.
Locura y ambicion
pesar sin intención
Recuerdos sin olvido
Esperar sin sentido.
Ni la primera ni la última,
sin ocupar ni una historia, ni un capítulo,
ni un párrafo, ni un centímetro
Sin nocion del tiempo ni del espacio.
Estoy nadando de nuevo,
me estoy ahogando como hace tiempo.
y esperando, porque caigo en la cuenta
que siempre dije... todavía no...
yo estoy esperando...le.
Sudor, calor, temor, temblor.
Miedo, ansias, inspiracion.
Sal y Dulzura,
certezas, tristezas,
Hambre, impaciencia
Perdición, sensacion.
Calma, alma
Sutilezas, risas frescas.
Sed, y flotar
volar, y nadar.
Locura y ambicion
pesar sin intención
Recuerdos sin olvido
Esperar sin sentido.
Ni la primera ni la última,
sin ocupar ni una historia, ni un capítulo,
ni un párrafo, ni un centímetro
Sin nocion del tiempo ni del espacio.
Estoy nadando de nuevo,
me estoy ahogando como hace tiempo.
y esperando, porque caigo en la cuenta
que siempre dije... todavía no...
yo estoy esperando...le.
viernes, 19 de febrero de 2010
No debería
Ya no debería recordarte
el tiempo ah pasado,
en las arrugas en la piel,
en los cayos de mis pies.
Los caminos hemos andado
y seguimos en diferentes rutas
que parecen no cruzarse nunca.
Ya no debería recordarte
pero pasan los días de enero
y veo las mismas flores secas.
Tal vez no te recuerdo bien,
y el resto lo empecé a imaginar.
Pero a ti te encanta la fantasía,
axial que vale de todos modos.
Camino otros senderos,
pero se parecen a aquellos,
siento otros olores, pero siento tu perfume,
siento alguien detrás Mio,
alguien a mi lado,
pero de todos modos no hay nadie.
Es que ya no debería recordarte...
y hoy aún, te recuerdo.
A ciencia cierta
fue poco lo que me diste
y en medidas del corazón,
casi todo lo cedí...
pero hoy me regeneré,
hoy esta todo bien.
Y no me arrepiento,
de haber perdido la cordura por ti.
Me gusto verte esa mañana
despertando a mi lado,
me gustaba caminar de tu mano
Me gustaba la forma en la que me mirabas
y una DIA lejos de ti, empecé a amarla.
Me gustó un último beso por la mañana
y tu mano que no me soltaba.
Soñé varias veces como tú,
reencontrarte en el camino...
quiero hacerlo, pero no lo planeamos...
porque no debería recordarlo...
No debería recordarte,
pero amo hacerlo.
el tiempo ah pasado,
en las arrugas en la piel,
en los cayos de mis pies.
Los caminos hemos andado
y seguimos en diferentes rutas
que parecen no cruzarse nunca.
Ya no debería recordarte
pero pasan los días de enero
y veo las mismas flores secas.
Tal vez no te recuerdo bien,
y el resto lo empecé a imaginar.
Pero a ti te encanta la fantasía,
axial que vale de todos modos.
Camino otros senderos,
pero se parecen a aquellos,
siento otros olores, pero siento tu perfume,
siento alguien detrás Mio,
alguien a mi lado,
pero de todos modos no hay nadie.
Es que ya no debería recordarte...
y hoy aún, te recuerdo.
A ciencia cierta
fue poco lo que me diste
y en medidas del corazón,
casi todo lo cedí...
pero hoy me regeneré,
hoy esta todo bien.
Y no me arrepiento,
de haber perdido la cordura por ti.
Me gusto verte esa mañana
despertando a mi lado,
me gustaba caminar de tu mano
Me gustaba la forma en la que me mirabas
y una DIA lejos de ti, empecé a amarla.
Me gustó un último beso por la mañana
y tu mano que no me soltaba.
Soñé varias veces como tú,
reencontrarte en el camino...
quiero hacerlo, pero no lo planeamos...
porque no debería recordarlo...
No debería recordarte,
pero amo hacerlo.
martes, 16 de febrero de 2010
Fue
Que suerte que el amor no existe
que bueno que para vos, me lo inventé...
porque si fuera real, seria mucho peor
Que bueno que todos seamos reemplazables,
porque vos me reemplazaste,
que bien que no estes sufriendo lo que yo hoy.
Me alegra que sea reemplazable...
que si no existo mas, puedas andar
por eso no doy más,
por eso me voy de la vida de hoy.
Si soy tu amor, damelo.
No me lo das, no lo soy.
Si soy tu vida, damela,
no me la das, no lo soy.
No digas mas...
Vos sos mi vida, te la di.
No la valoras, me la llevo conmigo.
Me alegraria los dias saber que estas bien a diario,
pero la verdad es que vos estas bien,
y yo necesito estar bien, y no lo estoy.
No puedo saber mas de ti a diario.
No puedo saber mas de ti, para ponerme bien
tengo que alejarme, tenes que dejarme ir.
Tenes que dejarme libre, para volar.
Si no me vas a tomar, suéltame,
si me quieres, dejame volar
si me amas, dejame ser.
.
que bueno que para vos, me lo inventé...
porque si fuera real, seria mucho peor
Que bueno que todos seamos reemplazables,
porque vos me reemplazaste,
que bien que no estes sufriendo lo que yo hoy.
Me alegra que sea reemplazable...
que si no existo mas, puedas andar
por eso no doy más,
por eso me voy de la vida de hoy.
Si soy tu amor, damelo.
No me lo das, no lo soy.
Si soy tu vida, damela,
no me la das, no lo soy.
No digas mas...
Vos sos mi vida, te la di.
No la valoras, me la llevo conmigo.
Me alegraria los dias saber que estas bien a diario,
pero la verdad es que vos estas bien,
y yo necesito estar bien, y no lo estoy.
No puedo saber mas de ti a diario.
No puedo saber mas de ti, para ponerme bien
tengo que alejarme, tenes que dejarme ir.
Tenes que dejarme libre, para volar.
Si no me vas a tomar, suéltame,
si me quieres, dejame volar
si me amas, dejame ser.
.
domingo, 27 de diciembre de 2009
La historia del Príncipe que no sabía amar
En unas tierras que se posan más allá del límite del horizonte, sobre una capa de cálidos algodones que nievan cada año, corría descalza Niel, uno a uno sus pasos sobre aquella espesa capa blancuzca, se separaban uno de otro entre saltos. Niel corría rápida y raídamente, por un sendero libre de vegetación, por un camino en una dirección. A la vera del camino grandes pinos y diversos árboles verdes se cernían en multitud, apiñados, tal vez viendo la belleza que pasaba por allí.
Pues si, Niel era una belleza y una rareza a la vez.
Corría veloz, con un vestido de colores cálidos, rosa y blanco. Sus telas se extendían hacia alrededor cubriendo su cuerpo curvo, inimaginable de esplendor, varias cintas del color de su vestido se cernían en su cintura ajustándola.
Paso tras paso mas veloz iba, pareciera que llevaba consigo un mensaje importante, los pinos se consultaban entre ellos porque aquella princesa iba tan veloz, porqué aquella princesa iba sola, porque aquella princesa cruzaba ese sendero.
Los cabellos de Niel se regocijaban en el viento, eran castaños, pelirrojos, negros, no sabría decirlo, y poseía una coronilla de plata que los mantenía a raya, pero eran tan largos y lacios, hasta debajo de su cintura y volaban detrás de ella como alas en el viento.
Brinco tras brinco, algo llevaba consigo, de algún lugar vendría. Sus ojos fijos hacia el castillo, eran del color del café.
Lejos al final del camino por donde se dirigía se encontraba el castillo del Gran reino del Nosí. Allí habitaba un joven príncipe que aún no había sido coronado como Rey, pero el único heredero al trono.
Tan pronto como Niel llego a los límites exteriores del castillo, las huestes del mismo la divisaron, y dieron aviso de la llegada de un individuo, de telas rosas. Era inconfundible
que era ella.
- Debería haber llegado en una carroza con sus guardias – comento uno de los caballeros, mientras la divisaba en la lejanía, y en tanto decía esto observó como la pequeña dejó de avanzar – Avisar al Príncipe de Nosí, partiremos al encuentro!.
Una pequeña hueste de caballeros junto al mismo Príncipe que al ser avisado, no dudo ponerse en marcha, vistiose con prendas verdes, ciño su espada a la cintura, y se puso una armadura simple. El Príncipe de Nosí era de un temple respetable, una amplia sonrrisa en los momentos duros, sus cabellos dorados y enrulados conformaban su rostro, y sus ojos del color verde y miel.
Llegaron al lugar donde Niel había caído, de agotamiento, estaba boca abajo, respirando agitadamente sobre una espesa capa de algodón.
El Príncipe bajo primero de su montura, y le dio vuelta entre sus brazos. Sabian que Niel llegaría de visita a su reino, pero no de esa manera. La cargaron, inconsciente y la llevaron hasta el castillo, donde el mismo Príncipe le dio una habitación en el interior de su morada.
En una cama blanca, con sábanas blancas, con paredes blancas, y pequeños detalles dorados, allí fue donde Niel despertó. El sol entraba raído por la ventana, atravesando las cortinas que flotaban con la brisa matinal. A un lado de su cama vio a un hombre de vestimentas verdes, sentado, tomándose el rostro con una mano durmiendo profundamente. Aquel había estado toda la noche velando por ella.
Aciel se encontraba allí, Niel se levanto en su cama y se sento, acomodando las sábanas a su alrededor. Al no verlo despierto, lo sacudió del hombro.
Aciel despertó, un poco confundido y adolorido por haber dormido en el asiento, en vez de en una tersa cama. Al despertar contempló a Niel, y se paro de repente, acomodando sus ropas, y con un cortez saludo se presentó.
- Bienvenida Princesa Niel, la estábamos esperando, ahora esta en una habitación de mi castillo, en el Reino de Nosí, mi nombre es Aciel, Príncipe de Nosí.
- Gracias por darme tan grata bienvenida, y por haber velado usted mismo de mi sueño, usted ya sabe por lo visto mi nombre, asi que le debo el agrado de presentarme.
- Pues bien, Niel, te hemos encontrado con mis hombres caída en el camino. En verdad sabia de tu venida por la carta de tu padre, pero creía que no vendrías a pie sino en una carroza como es debido.
- Así era, pero fuimos interceptados, alguien intercepto el carro, pero antes de darme cuenta uno de mis hombres me había empujado por la ventana, y así caí en el camino, vi a los caballos, saltando espantados y de repente, no vi nada. El carro había desaparecido, junto a los caballos y a los hombres de mi padre. Tan solo salí corriendo tan rápido como pude de aquel lugar, que no tenia ya nada. Ya estábamos cerca de sus tierras así que continúe el camino que tomábamos y pude divisar el castillo, vine hacia aquí buscando refugio.
- Y lo has encontrado, en verdad me sorprende tu relato, que tan pronto como habías caído la carroza desapareciera, es un relato extraño, pero certero, últimamente en las inmediaciones de mi reino las cosas van desapareciendo, alguien las esta quitando, dejando nada.
- Deberias estar preocupado entonces, tal vez algun dia sobrepase los límites y llegue a tu reino.
- Si, en verdad así es, alguien quiere dejarme sin nada…
Una sombra se ciño sobre la mirada de miel de Aciel, y miró hacia la ventana a tierras mas lejanas de la vista, y allí se quedo tildado unos instantes, antes de volver a moverse, saludando a Niel y anunciándole el horario del almuerzo y el lugar de la habitación se retiró.
Niel había ido a quedarse una temporada en aquel reino, pues en sus tierras azotaban fuertes tormentas que ella y su fragilidad no podía soportar. Su padre lleno de buenos amigos decidió enviarla a Nosí, pues en tiempos de antaño había sido gran amigo de su Rey, y sabía que la trataría como a una hija más. Pero las cosas por allí habían cambiado. El Rey se había alejado demasiado de aquellas tierras y hacia años, nadie sabía donde estaba y no sabían si regresaría, el Príncipe estaba a punto de ser coronado, pero aún no lo había sido. De todos modos, el administraba y gobernaba sobre todos.
Así fue como Niel se hizo andar por aquellos jardines sobre alfombras de algodón, saltando por entre todos ellos, felizmente. No habia vuelto a ver al Príncipe, pero el si a ella, pues la contemplaba desde su recámara, desde una ventana alta que apuntaba hacia los jardines, la veia saltar, y llenar de alegría el lugar. Simplemente saltando era feliz aquella criatura, y le intrigaba por completo, pero la sombra se posaba nuevamente en su mirada si contemplaba más allá del horizonte donde poco a poco iban dejándole nada.
Niel se interesó por saber más del Príncipe y a cada uno preguntaba algo acerca de él, dónde estaba, que pasillos recorría, cuales eran sus gustos, y sus disgustos. Llego a hablar con la más cercana a el, sin saberlo, una feliz empleada del castillo, que lo crió como a su niño desde que el pequeño nació, aún teniendo tres hijos más. Se hicieron grandes amigas, su nombre era Ciadi y a menudo podía sacar alguna información de ella. Pero así es como supo que aquel Príncipe fue un enamorado, o tal vez aún lo era, pero le habían quitado el corazón en una historia terrible. Una mujer fría, de largas manos desde lejos muy lejos le estaba dejando sin nada.
Al parecer habían sido buenos compañeros en otros tiempos pero hoy ella era la Reina de la Frialdad, y se encontraba más allá de los limites, el gran tesoro que añoraba era el corazón del Príncipe, pero apenas lo había podido rasgar, aunque le quitó una gran parte en una oportunidad, hace lejos, y hace tiempo.
Niel se quedó pensando muchas noches en aquella historia, y aunque nunca había sabido del amor, ni como era, ni como se sentía, creyó que no era amor aquel que te quita, y te va dejando nada, creía que amor verdadero era aquel que da y espera a ser aceptado.
Así fue como Niel vio que a Aciel le faltaban cosas, que tenia un gran vació, y quiso intentar llenarlo. Dejó de pasear por los jardines y se paseaba constantemente por los pasillos del castillo esperando encontrarlo.
Aciel vio que ella ya no recorría los jardines y una pena le pesó en el corazón pues de alguna manera se regocijaba siempre con su vista, aquella pequeña saltarina le daba alegría a su dia.
Niel recorría todo el castillo, por la mañana y el día, pero no lo encontraba, en nuevos recovecos se metía, y una noche al regresar cansada de tanto recorrer a su alcoba, alli al lado de su puerta estaba Aciel.
Al verla sonrió felizmente, cosa que cada vez ocurría menos a menudo, y le extendió una mano, que ella tomo cortésmente.
- Hoy pequeña Doncella la invito a cenar conmigo.
- Que gran honor!, gracias mi señor, pero debería cambiarme pues estas prendas las use todo el dia, y quisiera lucir bien, y…
- No os preocupes, a mi no me incomoda, solo seremos tú y yo.
- Lo eh estado buscando estos días, ¿Dónde se había metido?
- Lo mismo digo yo, - dijo Aciel llevándola del brazo por el pasillo – te diré que usualmente miro por la ventana y te veo recorrer los jardines, pero ya no te encontré allí.
- Lo siento, es que decidí buscarlo.
- Entonces en algo coincidimos, nos estábamos buscando. – En diciendo esto abrió las puertas de una sala donde la mesa estaba servida.
Los días que siguieron habían creado una rutina distinta, en las mañanas quien despertara primero iba a la habitación del otro, para acompañarse en el desayuno, en los horarios de trabajo Niel iba con Ciadi y mas tarde Aciel pasaba a buscarla para el almuerzo, las tardes las pasaban juntos charlando y regocijándose en risas, cenaban juntos nuevamente, y cada uno se recostaba en su habitación.
A veces Aciel se quedaba en la recámara de Niel hablando hasta que ella se dormía.
Aciel y Niel tenían mucha charla, pues tenían muchas cosas para contarse, ambos eran de reinos distintos y hablaban de ello y en las coincidencias que tenían, ambos recorrían la misma edad, y se hablaban de sus diversas experiencias, y ambos les gustaba el arte y comentaban siempre temas de cultura, hasta en las tardes de domingo podían juntarse a dibujar y pintar algunos bocetos. Se contaban historias antes de dormir, y su vida de repente, poco a poco estaba cambiando.
Niel oyó hablar de aquella mujer por boca de Aciel, le dijo que con sus manos lejanas, le habia arrebatado gran parte del corazón, y que lamentaba no tenerlo, que poco a poco ya no podía ofrecer nada a los demás. Niel se enojo furiosa, como cada vez que empezaba a hablar de ella, pues sabia que eso no podía ser verdad, pues Aciel le estaba dando algo muy grande a ella, que segura estaba, aquella Princesa de la Frialidad nunca podría obtener. Intentaba convencer a Aciel que las cosas no eran asi, que el podría vencer sobre su sombra, pero constantemente y poco a poco el se iba convirtiendo en nada. La gran sonrisa que podía crearle Niel todos los días, dejaba mas lejos aquel destino.
Una noche Aciel le dijo que Frialidad lo habia llamado, y acudiría a su encuentro. A Niel se le encogió el corazón y ofreció acompañarlo, pero Aciel debía enfrentarlo solo y no quiso. Niel espero su regreso en las puertas del castillo y nadie pudo moverla de allí.
Al caer el día Aciel regreso, esta vez ya sin el brillo en sus ojos, aún más vacio que antes. Bajo del corcel, con una mirada fria. Niel corrio hacia el y lo tomo de su mano, no tenia pulso.
Aciel la miró, y la llevo en silencio a su recámara. En la noche le contó que le habia quitado el corazón entero, pero que las cosas no seguirían desapareciendo en la Nada, Frialidad ya tenia lo que quería. Y el Príncipe se aparto y se fue a su recámara.
Por unos dias parecío estar en otro lado, pero Niel no se daba por vencida, intentaba sacarle sonrisas, y hasta a veces parecía que lo lograba.
Constantemente le repetía que lo que había dado no era su corazón, que nunca se lo podrían quitar así como así, y lo tomaba de las manos y lo llevaba a recorrer los inmensos jardines. Aciel la seguía, simplemente, con un gran frío, pero nunca la abandonaba, siempre caminaba a su lado.
Una de esas tardes, Niel habia preparado galletas, y unas exquicitas comidas para llevar a los jardines, y lo preparó con sus manos para Aciel a quien le habia dicho que debia de informarle algo realmente importante, y que se lo recordara. Se sentaron juntos a comer y a continuar su interminable charla.
Aciel en un momento de silencio le dijo.
- ¿Qué es aquello tan importante que debias decirme?
- Pues es algo bastante, difícil de explicar y espero que lo entiendas… - Niel, se encogio, y sus manos comenzaban a temblar, Aciel le tomo las manos para que se tranquilizara, y Niel sonrio. – Es algo que empecé a sentir aquella tarde en la que habias velado por mi sueño, - Aciel la contemplo extrañado – Yo no creía que fuera así, pero no puedo soportarlo más y necesito descargarme. Desde hace tiempo lo eh visto, y necesito decirte algo.
- Anda dime, no ah de ser tan difícil.
- Lo es. Aciel, en algun momento deberé retornar a mi pueblo, pero eh estado pensando… en que…
- ¿En que?
- En que… lo único que anhelo es en despertar todos los días y verte.
Aciel se quedó consternado con aquella declaración.
- No puede ser, - dijo – no puede ser, no puede ser, - repitió constantemente.
- En verdad és. – Y las manos de Niel se transformaron en mármol, frio, bajo las manos de Aciel, sosteniéndolas.
- No puede ser así, no puedes enamorarte de mi, estas equivocada niña, yo no puedo darte nada.
- Pero yo si, puedo darte mi corazón. Y quiero hacerlo.
- No niña, no puedo aceptarlo, no tengo nada para dar.
Y Niel contemplo sus manos de mármol, unidas a las de Aciel.
- Aunque, en verdad, no quiero que te vayas, no me puedo ir, me quiero quedar aquí.
Las manos de ambos se hicieron de mármol quedándose unidas. Pero tan pronto Aciel soltó a Niel al llegar a la recámara de su habitación, pudieron despegarse.
Niel descansó esa noche con una gran paz interior, pero los días venideros serian inquietos. Las manos de Niel y de Aciel se habían vuelto de piedra, aunque podían moverlas, pero su piel era de mármol.
Todos habían notado aquél cambio en los dos, y comenzaba a comentarse en los pasillos del castillo, su cambio. Ellos hacían oídos sordos y continuaron realizando las actividades que siempre realizaban, como si nada.
Pero los días de la partida de Niel se acercaban, y cada vez quedaban menos dias de aquellos en los que ella despertaba y podía contemplar a Aciel. Una mañana corrió a su habitación para despertarlo como solían hacer. Pero Aciel estaba muy dormido y no despertó. Niel se recostó a su lado, y dormito un poco, pero tan pronto como pudo Aciel estaba sobre ella, tomándola del rostro y dándole el más suave y dulce beso que podría haber existido en el mundo. Niel disfruto de cada instante de aquel beso, que volvió al instante a repetirse cuando sus bocas intentaron apartarse no pudieron hacerlo tan fácilmente. Aciel sonrio con los ojos cerrados, degustando tal elixir, y Niel se quedo consternada pues tanto lo habia deseado, pero no podia creer que estaba sucediendo.
Aciel despertó, y Niel le preguntó que habia hecho. Aciel no respondio pues no recordaba haber besado. Niel se negaba a creerle y se ofendío muchisimo al verle negar los hechos.
Niel lo miró fijo y le dio una cachetada, y salio corriendo de la habitación.
Los días pasaron y ella no volvío a la habitación de Aciel, tampoco lo busco por los pasillos, ni se acercaba a los horarios de comida. Aciel decidio escribirle un pequeño mensaje que le hizo llegar Ciadi, preocupado, preguntandole a Niel cómo estaba.
Niel respondió cortésmente, pero con pocas palabras dijo estar bien.
Aciel se dirigio una noche a su habitación, la puerta estaba entornada, y la contemplo durmiendo, descansando con el rayo de luna en su cara. A escondidas, como podía intentaba saber cómo estaba a diario. Esa necesidad de saber que le sucedía a ella empezó a hacerse cada día mas fuerte, y mas preocupante para sí. Al despertar solo preguntaba como estaba, y le enviaba cartas diciéndole que había sido de su día.
A veces Niel respondía, a veces no, pero ella ya no quería acercársele. De hecho, no podía.
Aciel se dirigió hacia su habitación y golpeó las puertas.
- Niel, necesito verte, por favor, ábreme.
- No Aciel, no puedo abrirte.
- Niel, por favor, necesito hablar contigo, quiero verte.
- No Aciel, no insistas no puedo. – le respondía a través de la puerta.
Aciel sin respnder pateó las puertas con tal fuerza que se abrieron de par en par, y allí la vio reposando en la cama.
- Te dije que no podía abrirte. – Le dijo ella desde la cama, con lágrimas en los ojos, sus cabellos, tan largos y lacios la rodeaban, y no se movía mas que sus labios. Su tez era cada vez mas clara, más palida.
- ¿Que te haz hecho? Que te sucedió, dime, por favor, no puedo dejarte asi. – Niel lo miro, con una sombra en la mirada, que apenas brillaba con las lágrimas que rodaban por su rostro.
- Fue mi culpa, yo desée verte todos los días, y no alejarme de aquí, yo desé quedarme cerca de ti, y no dar un paso más lejos. Pero así como lo desé se cumplió, el no poder dar un paso más lejos. – y Niel se quitó las blancas sábanas de encima y le mostró sus delicados pies a Aciel.
Se habian vuelto de mármol, como sus manos, de piedra, pero eran pesados y no podía ya caminar muy lejos, le costaba horrores cada paso, y no solía salir a menudo de aquella cama. Aciel quedó estremecido, toco sus pies, y comprobó que ahora eran de piedra, y miro a Niel, pálido, desdichado, y la tomo del rostro.
- No seas torpe, no te hagas esto, si sabes que lo que me hace feliz es verte saltando por los jardines…
Niel se hechó a llorar, y Aciel la abrazo fuertemente.
Cuando Niel se calmó de tanto llorar, se quedó dormida, Aciel la tapo con las mantas y veló por su sueño. Ciadi paso por la puerta en ese momento y lo vió, lo llamó desde el pasillo.
- Ven mi pequeño, ¿Te has enterado ya verdad?
Aciel la abrazó fuertemente, con una gran pena en el corazón.
- Dime, ¿Que puedo hacer? ¿Ya no hay nada que pueda hacer?, No puedo dejarla así, debo ayudarla.
- Sabes cual es el remedio mi niño, sabes cual es el unico remedio ante estos casos, sabes que es lo que todo lo cura, y todo lo destruye.
- Lo sé, pero yo eso no puedo ofrecer, no lo tengo, lo eh dado todo.
- No todo, aquí te estan dando todo a ti.
- Ya sé, se lo que necesito, debo ir a buscar lo que es mío.
- No, no te atrevas a volver a las sombras, no te atrevas a volver allí.
- Debo, Ciadi, tengo que salvarla.
- No se lo has entregado del todo, ella no tiene nada que sea tuyo.
- Si lo tiene, lo tiene en verdad…
Y Aciel, sin escuchar mas palabras, partió del castillo aquella noche, más allá de los límites de su reino.
Niel desperto sobresaltada, difícilmente pudo levantarse hasta la ventana, cada paso era más pesado que el otro, como quien lleva una gran carga. Pudo divisar recortado con la luz de luna la figura de Aciel dirigiendose hacia el reino de la frialidad.
Niel se asusto, y tomo una capa negra, con la que se cubrió para no ser reconocida. Salió del castillo caminando lentamente, aunque cada paso era una práctica más y podía acelerar cada tanto. Sus pies hacían lento su andar y se hundía entre la nieve de algodón a cada paso.
Aciel estaba pronto a llegar al Reino de la Frialidad, cuando Niel cruzaba las fronteras de Nosí, y se internaba en un gran bosque.
El corcel de Aciel fue tan veloz como pudo y a las puertas del castillo se detuvo. Aciel golpeó y llamó a gritos a Frialidad. Las puertas se abrieron y delante de el, la vió, Vestía de negro, un vestido tan tétrico como frió era su lugar, se encontraba sentada en su trono, y con sus uñas de negro tomaba su corazón en la mano, la sangre se derramaba entre sus largos dedos, y lo mordió como una manzana. Aciel se retorció, y cayó del dolor, un fuerte dolor en su pecho lo derribó.
- Tú no puedes hacerme esto, devuélvemelo!
- Ya no es tuyo, no te pertenece.
- Es parte de mi, y es mío, nada has dado tu a cambio, me pertenece, ladrona! Devuélvemelo.
- Te eh dado parte de mi preciado tiempo en la tierra que no has sabido aprovechar, años te espere, y esto es lo que te mereces, que me coma tu corazón. – respondió Frialidad y nuevamente dio otra mordida, desgarrando una parte del mismo y masticándola.
Aciel que apenas había podido ponerse en pie, volvió a caer, y de su pecho comenzó a brotar sangre. Intento pararse nuevamente, estabilizándose en cuatro patas, pero Frialidad, volvió a morder su corazón, comiéndoselo poco a poco y degustándolo y derramando su sangre por su boca, su cuello y sus manos.
Niel tras pasar el límite, comprobó que la fuerza de su interior era lo único que contaba allí, y sus pasos se hicieron más livianos, y rápidos, continuaban siendo sus pies de piedra, pero pudo correr como antes lo hacia entre los jardines.
Al fin llego al castillo de Frialidad, y comprobó que se hacia llamar Reina, pero no poseía ningún Reino, pues tan solo dominaba una pequeña comarca en la costa de un río. Al llegar al castillo vio las puertas abiertas y entro.
Allí tirado en la entrada se encontraba Aciel, inconsciente, con el pecho abierto y sín corazón. Vió hacia delante y Frialidad se chupaba los dedos acabándose de comer su corazón.
- Oye tú y oigan todos en el mundo! – grito fuertemente Niel, poniéndose de pie – No te has comido su corazón ni siquiera lo has obtenido por toda tu vida, no has ganado nada haciendole tamaño mal. Pues no puedes obligar a nadie a amar, como tampoco puedes aprovecharte así de quien ama. – y Niel quebró en llanto y cayó de bruces junto a Aciel tomándolo en sus brazos. – No puedes obligar a amar, tan solo puedes dar lo que tienes, y esperar a ser aceptado.
Y diciendo esto, Niel desató las cintas de su vestido y abrió su pecho con la espada de Aciel, poco a poco, con pequeños cortes, se quitó parte de su corazón que brillaba como una estrella, y lo colocó en el pecho de Aciel.
- ¿Que demonios haces criatura? , ya esta hecho, tu corazón no es el suyo, ya esta perdido en las sombras y así se lo ha merecido.
Y con una mirada desafiante, pero angelical Niel la miro sonriendo, diciendo.
- A menos, que acepte mi corazón, y mi corazón será suyo. Tú ya has cumplido tu cometido, me llevo lo que de él queda.
Niel tomo el cuerpo de Aciel que contenía dentro de su pecho el corazón de Niel y con las fuerzas que pudo lo sacó del castillo.
Aciel comenzó a despertar, y su pecho se cerró, como el de Niel, con el mismo corazón.
Celeste Marina Fasio
Pues si, Niel era una belleza y una rareza a la vez.
Corría veloz, con un vestido de colores cálidos, rosa y blanco. Sus telas se extendían hacia alrededor cubriendo su cuerpo curvo, inimaginable de esplendor, varias cintas del color de su vestido se cernían en su cintura ajustándola.
Paso tras paso mas veloz iba, pareciera que llevaba consigo un mensaje importante, los pinos se consultaban entre ellos porque aquella princesa iba tan veloz, porqué aquella princesa iba sola, porque aquella princesa cruzaba ese sendero.
Los cabellos de Niel se regocijaban en el viento, eran castaños, pelirrojos, negros, no sabría decirlo, y poseía una coronilla de plata que los mantenía a raya, pero eran tan largos y lacios, hasta debajo de su cintura y volaban detrás de ella como alas en el viento.
Brinco tras brinco, algo llevaba consigo, de algún lugar vendría. Sus ojos fijos hacia el castillo, eran del color del café.
Lejos al final del camino por donde se dirigía se encontraba el castillo del Gran reino del Nosí. Allí habitaba un joven príncipe que aún no había sido coronado como Rey, pero el único heredero al trono.
Tan pronto como Niel llego a los límites exteriores del castillo, las huestes del mismo la divisaron, y dieron aviso de la llegada de un individuo, de telas rosas. Era inconfundible
que era ella.
- Debería haber llegado en una carroza con sus guardias – comento uno de los caballeros, mientras la divisaba en la lejanía, y en tanto decía esto observó como la pequeña dejó de avanzar – Avisar al Príncipe de Nosí, partiremos al encuentro!.
Una pequeña hueste de caballeros junto al mismo Príncipe que al ser avisado, no dudo ponerse en marcha, vistiose con prendas verdes, ciño su espada a la cintura, y se puso una armadura simple. El Príncipe de Nosí era de un temple respetable, una amplia sonrrisa en los momentos duros, sus cabellos dorados y enrulados conformaban su rostro, y sus ojos del color verde y miel.
Llegaron al lugar donde Niel había caído, de agotamiento, estaba boca abajo, respirando agitadamente sobre una espesa capa de algodón.
El Príncipe bajo primero de su montura, y le dio vuelta entre sus brazos. Sabian que Niel llegaría de visita a su reino, pero no de esa manera. La cargaron, inconsciente y la llevaron hasta el castillo, donde el mismo Príncipe le dio una habitación en el interior de su morada.
En una cama blanca, con sábanas blancas, con paredes blancas, y pequeños detalles dorados, allí fue donde Niel despertó. El sol entraba raído por la ventana, atravesando las cortinas que flotaban con la brisa matinal. A un lado de su cama vio a un hombre de vestimentas verdes, sentado, tomándose el rostro con una mano durmiendo profundamente. Aquel había estado toda la noche velando por ella.
Aciel se encontraba allí, Niel se levanto en su cama y se sento, acomodando las sábanas a su alrededor. Al no verlo despierto, lo sacudió del hombro.
Aciel despertó, un poco confundido y adolorido por haber dormido en el asiento, en vez de en una tersa cama. Al despertar contempló a Niel, y se paro de repente, acomodando sus ropas, y con un cortez saludo se presentó.
- Bienvenida Princesa Niel, la estábamos esperando, ahora esta en una habitación de mi castillo, en el Reino de Nosí, mi nombre es Aciel, Príncipe de Nosí.
- Gracias por darme tan grata bienvenida, y por haber velado usted mismo de mi sueño, usted ya sabe por lo visto mi nombre, asi que le debo el agrado de presentarme.
- Pues bien, Niel, te hemos encontrado con mis hombres caída en el camino. En verdad sabia de tu venida por la carta de tu padre, pero creía que no vendrías a pie sino en una carroza como es debido.
- Así era, pero fuimos interceptados, alguien intercepto el carro, pero antes de darme cuenta uno de mis hombres me había empujado por la ventana, y así caí en el camino, vi a los caballos, saltando espantados y de repente, no vi nada. El carro había desaparecido, junto a los caballos y a los hombres de mi padre. Tan solo salí corriendo tan rápido como pude de aquel lugar, que no tenia ya nada. Ya estábamos cerca de sus tierras así que continúe el camino que tomábamos y pude divisar el castillo, vine hacia aquí buscando refugio.
- Y lo has encontrado, en verdad me sorprende tu relato, que tan pronto como habías caído la carroza desapareciera, es un relato extraño, pero certero, últimamente en las inmediaciones de mi reino las cosas van desapareciendo, alguien las esta quitando, dejando nada.
- Deberias estar preocupado entonces, tal vez algun dia sobrepase los límites y llegue a tu reino.
- Si, en verdad así es, alguien quiere dejarme sin nada…
Una sombra se ciño sobre la mirada de miel de Aciel, y miró hacia la ventana a tierras mas lejanas de la vista, y allí se quedo tildado unos instantes, antes de volver a moverse, saludando a Niel y anunciándole el horario del almuerzo y el lugar de la habitación se retiró.
Niel había ido a quedarse una temporada en aquel reino, pues en sus tierras azotaban fuertes tormentas que ella y su fragilidad no podía soportar. Su padre lleno de buenos amigos decidió enviarla a Nosí, pues en tiempos de antaño había sido gran amigo de su Rey, y sabía que la trataría como a una hija más. Pero las cosas por allí habían cambiado. El Rey se había alejado demasiado de aquellas tierras y hacia años, nadie sabía donde estaba y no sabían si regresaría, el Príncipe estaba a punto de ser coronado, pero aún no lo había sido. De todos modos, el administraba y gobernaba sobre todos.
Así fue como Niel se hizo andar por aquellos jardines sobre alfombras de algodón, saltando por entre todos ellos, felizmente. No habia vuelto a ver al Príncipe, pero el si a ella, pues la contemplaba desde su recámara, desde una ventana alta que apuntaba hacia los jardines, la veia saltar, y llenar de alegría el lugar. Simplemente saltando era feliz aquella criatura, y le intrigaba por completo, pero la sombra se posaba nuevamente en su mirada si contemplaba más allá del horizonte donde poco a poco iban dejándole nada.
Niel se interesó por saber más del Príncipe y a cada uno preguntaba algo acerca de él, dónde estaba, que pasillos recorría, cuales eran sus gustos, y sus disgustos. Llego a hablar con la más cercana a el, sin saberlo, una feliz empleada del castillo, que lo crió como a su niño desde que el pequeño nació, aún teniendo tres hijos más. Se hicieron grandes amigas, su nombre era Ciadi y a menudo podía sacar alguna información de ella. Pero así es como supo que aquel Príncipe fue un enamorado, o tal vez aún lo era, pero le habían quitado el corazón en una historia terrible. Una mujer fría, de largas manos desde lejos muy lejos le estaba dejando sin nada.
Al parecer habían sido buenos compañeros en otros tiempos pero hoy ella era la Reina de la Frialdad, y se encontraba más allá de los limites, el gran tesoro que añoraba era el corazón del Príncipe, pero apenas lo había podido rasgar, aunque le quitó una gran parte en una oportunidad, hace lejos, y hace tiempo.
Niel se quedó pensando muchas noches en aquella historia, y aunque nunca había sabido del amor, ni como era, ni como se sentía, creyó que no era amor aquel que te quita, y te va dejando nada, creía que amor verdadero era aquel que da y espera a ser aceptado.
Así fue como Niel vio que a Aciel le faltaban cosas, que tenia un gran vació, y quiso intentar llenarlo. Dejó de pasear por los jardines y se paseaba constantemente por los pasillos del castillo esperando encontrarlo.
Aciel vio que ella ya no recorría los jardines y una pena le pesó en el corazón pues de alguna manera se regocijaba siempre con su vista, aquella pequeña saltarina le daba alegría a su dia.
Niel recorría todo el castillo, por la mañana y el día, pero no lo encontraba, en nuevos recovecos se metía, y una noche al regresar cansada de tanto recorrer a su alcoba, alli al lado de su puerta estaba Aciel.
Al verla sonrió felizmente, cosa que cada vez ocurría menos a menudo, y le extendió una mano, que ella tomo cortésmente.
- Hoy pequeña Doncella la invito a cenar conmigo.
- Que gran honor!, gracias mi señor, pero debería cambiarme pues estas prendas las use todo el dia, y quisiera lucir bien, y…
- No os preocupes, a mi no me incomoda, solo seremos tú y yo.
- Lo eh estado buscando estos días, ¿Dónde se había metido?
- Lo mismo digo yo, - dijo Aciel llevándola del brazo por el pasillo – te diré que usualmente miro por la ventana y te veo recorrer los jardines, pero ya no te encontré allí.
- Lo siento, es que decidí buscarlo.
- Entonces en algo coincidimos, nos estábamos buscando. – En diciendo esto abrió las puertas de una sala donde la mesa estaba servida.
Los días que siguieron habían creado una rutina distinta, en las mañanas quien despertara primero iba a la habitación del otro, para acompañarse en el desayuno, en los horarios de trabajo Niel iba con Ciadi y mas tarde Aciel pasaba a buscarla para el almuerzo, las tardes las pasaban juntos charlando y regocijándose en risas, cenaban juntos nuevamente, y cada uno se recostaba en su habitación.
A veces Aciel se quedaba en la recámara de Niel hablando hasta que ella se dormía.
Aciel y Niel tenían mucha charla, pues tenían muchas cosas para contarse, ambos eran de reinos distintos y hablaban de ello y en las coincidencias que tenían, ambos recorrían la misma edad, y se hablaban de sus diversas experiencias, y ambos les gustaba el arte y comentaban siempre temas de cultura, hasta en las tardes de domingo podían juntarse a dibujar y pintar algunos bocetos. Se contaban historias antes de dormir, y su vida de repente, poco a poco estaba cambiando.
Niel oyó hablar de aquella mujer por boca de Aciel, le dijo que con sus manos lejanas, le habia arrebatado gran parte del corazón, y que lamentaba no tenerlo, que poco a poco ya no podía ofrecer nada a los demás. Niel se enojo furiosa, como cada vez que empezaba a hablar de ella, pues sabia que eso no podía ser verdad, pues Aciel le estaba dando algo muy grande a ella, que segura estaba, aquella Princesa de la Frialidad nunca podría obtener. Intentaba convencer a Aciel que las cosas no eran asi, que el podría vencer sobre su sombra, pero constantemente y poco a poco el se iba convirtiendo en nada. La gran sonrisa que podía crearle Niel todos los días, dejaba mas lejos aquel destino.
Una noche Aciel le dijo que Frialidad lo habia llamado, y acudiría a su encuentro. A Niel se le encogió el corazón y ofreció acompañarlo, pero Aciel debía enfrentarlo solo y no quiso. Niel espero su regreso en las puertas del castillo y nadie pudo moverla de allí.
Al caer el día Aciel regreso, esta vez ya sin el brillo en sus ojos, aún más vacio que antes. Bajo del corcel, con una mirada fria. Niel corrio hacia el y lo tomo de su mano, no tenia pulso.
Aciel la miró, y la llevo en silencio a su recámara. En la noche le contó que le habia quitado el corazón entero, pero que las cosas no seguirían desapareciendo en la Nada, Frialidad ya tenia lo que quería. Y el Príncipe se aparto y se fue a su recámara.
Por unos dias parecío estar en otro lado, pero Niel no se daba por vencida, intentaba sacarle sonrisas, y hasta a veces parecía que lo lograba.
Constantemente le repetía que lo que había dado no era su corazón, que nunca se lo podrían quitar así como así, y lo tomaba de las manos y lo llevaba a recorrer los inmensos jardines. Aciel la seguía, simplemente, con un gran frío, pero nunca la abandonaba, siempre caminaba a su lado.
Una de esas tardes, Niel habia preparado galletas, y unas exquicitas comidas para llevar a los jardines, y lo preparó con sus manos para Aciel a quien le habia dicho que debia de informarle algo realmente importante, y que se lo recordara. Se sentaron juntos a comer y a continuar su interminable charla.
Aciel en un momento de silencio le dijo.
- ¿Qué es aquello tan importante que debias decirme?
- Pues es algo bastante, difícil de explicar y espero que lo entiendas… - Niel, se encogio, y sus manos comenzaban a temblar, Aciel le tomo las manos para que se tranquilizara, y Niel sonrio. – Es algo que empecé a sentir aquella tarde en la que habias velado por mi sueño, - Aciel la contemplo extrañado – Yo no creía que fuera así, pero no puedo soportarlo más y necesito descargarme. Desde hace tiempo lo eh visto, y necesito decirte algo.
- Anda dime, no ah de ser tan difícil.
- Lo es. Aciel, en algun momento deberé retornar a mi pueblo, pero eh estado pensando… en que…
- ¿En que?
- En que… lo único que anhelo es en despertar todos los días y verte.
Aciel se quedó consternado con aquella declaración.
- No puede ser, - dijo – no puede ser, no puede ser, - repitió constantemente.
- En verdad és. – Y las manos de Niel se transformaron en mármol, frio, bajo las manos de Aciel, sosteniéndolas.
- No puede ser así, no puedes enamorarte de mi, estas equivocada niña, yo no puedo darte nada.
- Pero yo si, puedo darte mi corazón. Y quiero hacerlo.
- No niña, no puedo aceptarlo, no tengo nada para dar.
Y Niel contemplo sus manos de mármol, unidas a las de Aciel.
- Aunque, en verdad, no quiero que te vayas, no me puedo ir, me quiero quedar aquí.
Las manos de ambos se hicieron de mármol quedándose unidas. Pero tan pronto Aciel soltó a Niel al llegar a la recámara de su habitación, pudieron despegarse.
Niel descansó esa noche con una gran paz interior, pero los días venideros serian inquietos. Las manos de Niel y de Aciel se habían vuelto de piedra, aunque podían moverlas, pero su piel era de mármol.
Todos habían notado aquél cambio en los dos, y comenzaba a comentarse en los pasillos del castillo, su cambio. Ellos hacían oídos sordos y continuaron realizando las actividades que siempre realizaban, como si nada.
Pero los días de la partida de Niel se acercaban, y cada vez quedaban menos dias de aquellos en los que ella despertaba y podía contemplar a Aciel. Una mañana corrió a su habitación para despertarlo como solían hacer. Pero Aciel estaba muy dormido y no despertó. Niel se recostó a su lado, y dormito un poco, pero tan pronto como pudo Aciel estaba sobre ella, tomándola del rostro y dándole el más suave y dulce beso que podría haber existido en el mundo. Niel disfruto de cada instante de aquel beso, que volvió al instante a repetirse cuando sus bocas intentaron apartarse no pudieron hacerlo tan fácilmente. Aciel sonrio con los ojos cerrados, degustando tal elixir, y Niel se quedo consternada pues tanto lo habia deseado, pero no podia creer que estaba sucediendo.
Aciel despertó, y Niel le preguntó que habia hecho. Aciel no respondio pues no recordaba haber besado. Niel se negaba a creerle y se ofendío muchisimo al verle negar los hechos.
Niel lo miró fijo y le dio una cachetada, y salio corriendo de la habitación.
Los días pasaron y ella no volvío a la habitación de Aciel, tampoco lo busco por los pasillos, ni se acercaba a los horarios de comida. Aciel decidio escribirle un pequeño mensaje que le hizo llegar Ciadi, preocupado, preguntandole a Niel cómo estaba.
Niel respondió cortésmente, pero con pocas palabras dijo estar bien.
Aciel se dirigio una noche a su habitación, la puerta estaba entornada, y la contemplo durmiendo, descansando con el rayo de luna en su cara. A escondidas, como podía intentaba saber cómo estaba a diario. Esa necesidad de saber que le sucedía a ella empezó a hacerse cada día mas fuerte, y mas preocupante para sí. Al despertar solo preguntaba como estaba, y le enviaba cartas diciéndole que había sido de su día.
A veces Niel respondía, a veces no, pero ella ya no quería acercársele. De hecho, no podía.
Aciel se dirigió hacia su habitación y golpeó las puertas.
- Niel, necesito verte, por favor, ábreme.
- No Aciel, no puedo abrirte.
- Niel, por favor, necesito hablar contigo, quiero verte.
- No Aciel, no insistas no puedo. – le respondía a través de la puerta.
Aciel sin respnder pateó las puertas con tal fuerza que se abrieron de par en par, y allí la vio reposando en la cama.
- Te dije que no podía abrirte. – Le dijo ella desde la cama, con lágrimas en los ojos, sus cabellos, tan largos y lacios la rodeaban, y no se movía mas que sus labios. Su tez era cada vez mas clara, más palida.
- ¿Que te haz hecho? Que te sucedió, dime, por favor, no puedo dejarte asi. – Niel lo miro, con una sombra en la mirada, que apenas brillaba con las lágrimas que rodaban por su rostro.
- Fue mi culpa, yo desée verte todos los días, y no alejarme de aquí, yo desé quedarme cerca de ti, y no dar un paso más lejos. Pero así como lo desé se cumplió, el no poder dar un paso más lejos. – y Niel se quitó las blancas sábanas de encima y le mostró sus delicados pies a Aciel.
Se habian vuelto de mármol, como sus manos, de piedra, pero eran pesados y no podía ya caminar muy lejos, le costaba horrores cada paso, y no solía salir a menudo de aquella cama. Aciel quedó estremecido, toco sus pies, y comprobó que ahora eran de piedra, y miro a Niel, pálido, desdichado, y la tomo del rostro.
- No seas torpe, no te hagas esto, si sabes que lo que me hace feliz es verte saltando por los jardines…
Niel se hechó a llorar, y Aciel la abrazo fuertemente.
Cuando Niel se calmó de tanto llorar, se quedó dormida, Aciel la tapo con las mantas y veló por su sueño. Ciadi paso por la puerta en ese momento y lo vió, lo llamó desde el pasillo.
- Ven mi pequeño, ¿Te has enterado ya verdad?
Aciel la abrazó fuertemente, con una gran pena en el corazón.
- Dime, ¿Que puedo hacer? ¿Ya no hay nada que pueda hacer?, No puedo dejarla así, debo ayudarla.
- Sabes cual es el remedio mi niño, sabes cual es el unico remedio ante estos casos, sabes que es lo que todo lo cura, y todo lo destruye.
- Lo sé, pero yo eso no puedo ofrecer, no lo tengo, lo eh dado todo.
- No todo, aquí te estan dando todo a ti.
- Ya sé, se lo que necesito, debo ir a buscar lo que es mío.
- No, no te atrevas a volver a las sombras, no te atrevas a volver allí.
- Debo, Ciadi, tengo que salvarla.
- No se lo has entregado del todo, ella no tiene nada que sea tuyo.
- Si lo tiene, lo tiene en verdad…
Y Aciel, sin escuchar mas palabras, partió del castillo aquella noche, más allá de los límites de su reino.
Niel desperto sobresaltada, difícilmente pudo levantarse hasta la ventana, cada paso era más pesado que el otro, como quien lleva una gran carga. Pudo divisar recortado con la luz de luna la figura de Aciel dirigiendose hacia el reino de la frialidad.
Niel se asusto, y tomo una capa negra, con la que se cubrió para no ser reconocida. Salió del castillo caminando lentamente, aunque cada paso era una práctica más y podía acelerar cada tanto. Sus pies hacían lento su andar y se hundía entre la nieve de algodón a cada paso.
Aciel estaba pronto a llegar al Reino de la Frialidad, cuando Niel cruzaba las fronteras de Nosí, y se internaba en un gran bosque.
El corcel de Aciel fue tan veloz como pudo y a las puertas del castillo se detuvo. Aciel golpeó y llamó a gritos a Frialidad. Las puertas se abrieron y delante de el, la vió, Vestía de negro, un vestido tan tétrico como frió era su lugar, se encontraba sentada en su trono, y con sus uñas de negro tomaba su corazón en la mano, la sangre se derramaba entre sus largos dedos, y lo mordió como una manzana. Aciel se retorció, y cayó del dolor, un fuerte dolor en su pecho lo derribó.
- Tú no puedes hacerme esto, devuélvemelo!
- Ya no es tuyo, no te pertenece.
- Es parte de mi, y es mío, nada has dado tu a cambio, me pertenece, ladrona! Devuélvemelo.
- Te eh dado parte de mi preciado tiempo en la tierra que no has sabido aprovechar, años te espere, y esto es lo que te mereces, que me coma tu corazón. – respondió Frialidad y nuevamente dio otra mordida, desgarrando una parte del mismo y masticándola.
Aciel que apenas había podido ponerse en pie, volvió a caer, y de su pecho comenzó a brotar sangre. Intento pararse nuevamente, estabilizándose en cuatro patas, pero Frialidad, volvió a morder su corazón, comiéndoselo poco a poco y degustándolo y derramando su sangre por su boca, su cuello y sus manos.
Niel tras pasar el límite, comprobó que la fuerza de su interior era lo único que contaba allí, y sus pasos se hicieron más livianos, y rápidos, continuaban siendo sus pies de piedra, pero pudo correr como antes lo hacia entre los jardines.
Al fin llego al castillo de Frialidad, y comprobó que se hacia llamar Reina, pero no poseía ningún Reino, pues tan solo dominaba una pequeña comarca en la costa de un río. Al llegar al castillo vio las puertas abiertas y entro.
Allí tirado en la entrada se encontraba Aciel, inconsciente, con el pecho abierto y sín corazón. Vió hacia delante y Frialidad se chupaba los dedos acabándose de comer su corazón.
- Oye tú y oigan todos en el mundo! – grito fuertemente Niel, poniéndose de pie – No te has comido su corazón ni siquiera lo has obtenido por toda tu vida, no has ganado nada haciendole tamaño mal. Pues no puedes obligar a nadie a amar, como tampoco puedes aprovecharte así de quien ama. – y Niel quebró en llanto y cayó de bruces junto a Aciel tomándolo en sus brazos. – No puedes obligar a amar, tan solo puedes dar lo que tienes, y esperar a ser aceptado.
Y diciendo esto, Niel desató las cintas de su vestido y abrió su pecho con la espada de Aciel, poco a poco, con pequeños cortes, se quitó parte de su corazón que brillaba como una estrella, y lo colocó en el pecho de Aciel.
- ¿Que demonios haces criatura? , ya esta hecho, tu corazón no es el suyo, ya esta perdido en las sombras y así se lo ha merecido.
Y con una mirada desafiante, pero angelical Niel la miro sonriendo, diciendo.
- A menos, que acepte mi corazón, y mi corazón será suyo. Tú ya has cumplido tu cometido, me llevo lo que de él queda.
Niel tomo el cuerpo de Aciel que contenía dentro de su pecho el corazón de Niel y con las fuerzas que pudo lo sacó del castillo.
Aciel comenzó a despertar, y su pecho se cerró, como el de Niel, con el mismo corazón.
Celeste Marina Fasio
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